jueves, 28 de julio de 2016

Teatro: "Wasted" en Teatro del Barrio

El actor, director y guionista Iván Morales nos presenta el último espectáculo de Intims produccions, una desgarradora visión sobre un grupo de treintañeros sin rumbo. El texto original, de la joven dramaturga, poeta y rapera británica Kate Tempest, fue presentada en el festival Fringe a principios de mes con un éxito abrumador, y ahora llega al Teatro del Barrio para hacernos pensar en la vida, las ilusiones y la madurez de la generación perdida, cansada de luchar por unos sueños que se desvanecen poco a poco.



Intimns Produccions es una joven compañía leridana que lleva desde 2012 haciendo un teatro al filo de la navaja. Intimns no escriben ni dirigen las obran que representan, sólo buscan aquellos textos que les llegan adentro y buscan los mejores mimbres para montarlo. En esto caso buscaron a personas cercanas a la autora del texto, tanto en sus propuestas artísticas como en las vitales. La elección no pudo ser más acertada: Martí Sales se encargó de la traducción del texto, mientras que Iván Morales (que ya experimentó con las relaciones entre público y actores con su obra "Se de un lugar") se encarga de la dirección. La compañía se siente cómoda transitando lugares cercanos al público, atravesando todas las barreras para hacer al público partícipe de la propuesta escénica.



La palabra wasted significa colocado, pedo, estar hecho polvo, por lo que ya nos da una idea de lo que se nos viene encima. La generación perdida tiene en este texto un nuevo capítulo sobre sus miedos y sus fobias. En la línea formal de películas como "Trainpotting", "24 hours party people" o las españolas "After" o "Historias del Kronen", la historia se desarrolla en una espiral de alcohol y drogas. El montaje nos traslada a una noche de fiesta de tres amigos en el décimo aniversario de la muerte del cuarto miembro de la pandilla. Una viaje por una noche de tabaco, alcohol, drogas, raves y bailes que les hace poderosos por momentos, llenos de energía para cambiar las cosas, sus vidas y las de la gente que les rodea....pero al llegar la mañana todo se desvanece y vuelven al punto inicial, con el bajón de la fiesta y el sabor agridulce de saber que todo ha sido un viaje. Esta montaña rusa les convierte en grandes oradores, capaces de solucionar todos los problemas de la humanidad mientras se piden otra copa, pero la realidad sigue ahí fuera, esperando el momento justo para volver a golpearles.


Edu (Xavier Teixidó), Carlota (Sandra Pujol) y Dani (Oriol Esquerda) quedan, como todos los años, en el árbol de Toni, en el décimo aniversario de su muerte. Diez años sin la cuarta pata de la mesa, sin el amigo que quedó idolatrado como un alma libre que siempre quería disfrutar de la vida y tenía miles de sueños. Ellos siguen aquí y su vida no se ha desarrollado como imaginaban en aquellos años de juventud. Carlota es una profesora de instituto que ve en sus alumnos un reflejo de lo que fue ella en otra época, y eso le asusta viendo como se ha desarrollado su vida sin cumplir ninguna de sus expectativas. Dani es un músico soñador, anclado en esa época de juventud. No termina de irle bien con la música pero no quiere abandonar su sueño. Vive enamorado de Carlota, aunque tampoco se decide a embarcarse con ella en nada serio. Es el ejemplo de pasota anclado en una realidad que no es la que le corresponde para su edad, pero por miedo a arriesgar se mantiene quieto en su zona de confort. Por último Edu, trabaja en una fábrica de cerveza, con puesto fijo y pareja estable. Él, que aparentemente vive bien, se ahoga en una vida de rutinas y clichés que nunca imaginó para si mismo. Necesita escapar de una vida que le agarrota.
Tres personas que recuerdan con nostalgia otros tiempos mejores cuando con Toni todo eran fiestas, tabaco, porros, cervezas y risas. La vida ha cambiado, pero por una noche volverán a correrse una gran juerga para recordar a su amigo....y sacar todo el dolor que les aprisiona por dentro.



Los tres personajes son claros ejemplos de la juventud actual, llena de miedos, sueños que no se han realizado, desconfianza ante cualquier cambio, acostumbrados a desinhibirse de todos los problemas entre alcohol y drogas. Tres interpretaciones soberbias en las que cualquiera de los espectadores puede verse reflejado en mayor o menor medida. Dani es tranquilidad, la pasividad de quien está bien en su papel de músico "bohemio" que no llega a triunfar pero que disfruta de lo que hace. Vive anclado en la época en la que fue feliz, huyendo de cualquier responsabilidad o relación estable. Edu es el nerviosismo, el pesimismo de quien ha conseguido una estabilidad que nunca quiso. El momento vital de Edu es contrario al de Dani, le agobian las rutinas, habla del trabajo como "un sidazo que tiene y padece" y reconoce que sólo las pequeñas cosas como "ver dos coches del mismo color aparcados en línea o quedar a tomar un café" las que le gustan, por que le hacen escapar momentaneamente de la rutina.Y por último está la indecisa y enérgica Carlota, con una angustia vital que le obliga a escapar. Su vida como profesora le asusta y quiere escapar de una realidad que aborrece, huir para empezar una nueva vida en otro lugar, da igual donde, al sitio donde haya un billete de avión disponible, una huida hacia adelante que dejaría demasiados cabos sueltos en su vida.
Tres maravillosas interpretaciones desde las entrañas, sufridas y desgarradoras, ágiles y contudentes, capaces de bailar (guiados por la compañía Los Corderos para las coreografías) y rapear (ayudados por el rapero Pau Llonch) mientras hacen cómplices de todo al público.




Pero si impactantes son las interpretaciones, más aún es la puesta en escena, sin duda el mayor acierto de la obra. La estructura de la obra, mezcla de diálogos, monólogos, bailes y coros de rap, dota al conjunto de una gran singularidad. Una mezcla tan interesante necesitaba una relación con el público y con el espacio escénico que estuviese a la altura de su peculiaridad. La idea de colocar al público en sillas concéntricas en torno al cubo que hace las veces de pista de baile convierte al espectador en parte de la obra, lo que ayuda a que el texto se nos clave hasta el corazón desde el primer momento. Los continuos movimientos de los personajes entre el público provocan que todos entremos en la fiesta, nos den ganas de bailar y de discutir sobre la vida, nos involucra de tal manera que somos parte activa de la historia (lo cual ayuda para que nos sintamos identificados con ellos). 





El cóctel que resulta de todo esto resulta una bomba, una mezcla de mezcal, tequila y jaggermaster que nos dará un buen pelotazo a la cabeza. Una historia de gente de barrio, nada suena raro y a la vez todo nos suena familiar. Un texto inteligente que mezcla el drama con momentos de humor puntuales muy bien escogidos. Pero sin duda el tener a los actores revoloteando entre el público es algo que impresiona y hace que estemos en tensión durante toda la obra. Los saltos, los bailes, los gritos, los hacemos nuestros y sentimos como nos golpea el sol de la mañana cuando acaba la noche de fiesta. La obra va subiendo de ritmo a ritmo de vértigo, pero nunca se les va de las manos, todo está perfectamente estudiado, aunque parezca que todo es caos y desfase. Dos momentos especialmente intensos para mi son los de los reproches entre los personajes (con la frase "¿Qué cojones es vivir si vivir no nos mata?" que sirve como eslogan de la propia obra y de la gente a la que retrata) y la huida de Carlota, en la que abre las puertas de la salida de emergencia y deja a sus compañeros iluminados por la luz del sol. Dos momentos que reflejan la montaña rusa en la que nos embarcamos al entrar en esta obra. Un "viaje" que siempre nos lleva de vuelta a la casilla de salida.

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Wasted 
Teatro: Teatro del Barrio
Dirección: Calle Zurita, 20. Madrid.
Fechas: Del 20 al 31 de Julio
Entradas: 12€ en TeatroDelBarrio