lunes, 27 de junio de 2016

Teatro: "Mi relación con la comida" en el Teatro del Barrio

Esta impactante historia escrita por Angélica Liddell aterriza en el Teatro del Barrio después de su triunfal paso por el Teatro Galileo. La actriz Esperanza Pedreño se adueña del escenario con una actuación desgarradora y sencillamente espectacular. Un texto de esos que te atrapa desde la primera frase y no te suelta hasta el final, retorciendo tu conciencia hasta límites insospechados. La sencillez y rotundidad de lo que cuenta se acompaña perfectamente con una puesta en escena mínima que va mutando al ritmo que marca la actriz.
La dramaturga Angélica Liddell es una de las autoras más singulares de nuestra escena, tanto por lo que cuenta como por la manera de hacerlo. Con una extraña capacidad para quitar lo superfluo y quedarse con la verdadera esencia de lo que quiere contar, sus textos son como una ráfaga ante la que el espectador no puede reaccionar. Con la frase "La violencia poética como acto de resistencia frente a la violencia real" la escritora nos transmite su idea de lo que debe ser el teatro, una plataforma en la que indignarse y hablar a la cara de la gente sobre las penurias de la vida.
La autora ha encontrado en Esperanza Pedreño a su perfecta alter ego. Con su apariencia frágil y tierna, en esta obra nos descubre bravura en su dulce voz, flexibilidad en su cuerpo delgado (capaz de convertirse en todo lo que requiere la obra), presencia como para llenar ella sola el escenario, y capacidad para ponernos contra las cuerdas en todo momento. La elección de Pedreño es uno de los grandes aciertos de la obra, una chica "normal" que hace creíble cada frase de un texto brillante a la par que irreverente y punzante.
¿Es necesario que coma con usted? ¿Es absolutamente necesario? ¿Es necesario para mi obra? Con esta rotundidad empieza el monólogo, pero sólo es el comienzo de lo que nos espera, agárrense que vienen curvas. La obra nos presenta a una escritora teatral que ha llevado una vida de pobreza extrema y que ha sido descubierta por un empresario teatral, el cual quiere reunirse con ella para hablar de la obra. Él quiere celebrar el encuentro en un restaurante de postín, postureo cultureta para "seducir" a la escritora, lo que para ella es algo más que una ofensa. Ese restaurante representa la opulencia, la soberbia, la "prosperidad" de la clase acomodada, la hipocresía, la desigualdad, y es algo por lo que no está dispuesta a pasar. Ese mundo le es ajeno y no entiende la imposición de tener que reunirse en un lugar así, ejemplo claro de todo lo que ella aborrece.
Ella ha vivido en la más profunda de las pobrezas, en un piso en el que "las paredes siempre están húmedas porque no entraba ni un rayo de sol para secarlas", donde ha visto el lado más duro de "ese gran genocidio consentido" que es no tener lo suficiente para vivir con cierta dignidad. Una persona que viene de ese mundo no entiende que deba pasar por el aro del "circo" cultural y social para que su obra sea representada.

"Mi relación con la comida" es una crítica sin tapujos a la sociedad actual y en particular al ser humano, cada vez más pendiente de uno mismo y despreocupado por el prójimo. Una sociedad de extremos, en la que los ricos son cada vez más ricos y los pobres se hunden cada vez más en el fango, mientras la llamada "clase media" no duda en empujar al hoyo al de al lado con tal de salvarse a si mismo. Una inquietante visión de una sociedad deshumanizada, en la que todos somos seres egoístas que buscamos el triunfo personal.
Un crudo alegato en contra del "España va bien", un lugar que nos hicieron creer que sería mejor pero que lo único que hizo fue conseguir que la sociedad quedase endeudada, atada de pies y manos, en un escenario muy distinto al que nos planteaban, en el que todo lo que iba a ser prosperidad eran en realidad arenas movedizas.
Todo este gran alegato en contra del stablishment, de lo establecido como correcto, no se podía representar de otra manera que no fuese con la mayor de las austeridades (entendiendo el término como  minimalista, enseñando lo justo sin caer en grandilocuencias). Este es, sin lugar a dudas, uno de los mayores aciertos del montaje. La actriz huye de todo lo que pueda distraer al espectador para centrarse en el texto. Una gran pelota roja es su único compañero en la escena (metáfora de las narices de los clown), compañera fiel con la que juega y que le sirve de apoyo en todo momento para generar las diversas situaciones que requiere la obra. El otro elemento que entra en escena para ir transformándola es una simple tiza, con la que Pedreño moldea el escenario para convertirlo en un espacio caótico y hasta fantasmal por momentos. 
Pero si algo impacta de esta singular puesta en escena es el "sencillo" vestido de la actriz. Esta pieza de tela aparentemente sencilla va mutando a lo largo de la obra para convertirse en un personaje fundamental dentro del montaje. Lo que en un principio parecen ser los harapos de un indigente, se convierten en toga griega, en ventana a un mundo violento, o en todo lo que necesite Pedreño. Una fusión perfecta entre vestuario y el cuerpo de la actriz que por momentos parecen un solo elemento.



 
La autora realiza una continua carga contra todos los cimientos de nuestra sociedad, lo que da un valor especial a lo que cuenta por hacer que nos planteemos cosas que entendemos como evidentes y quizás no deberían serlo tanto. La cultura como entretenimiento frente a las personas que buscan en las artes algo más. La cultura como herramienta reivindicativa, como micrófono para proclamar todo aquello que creemos que es injusto. El teatro como elemento de lucha social.
La pieza no es un plato fácil de digerir, ni mucho menos es un "menú infantil". Es un guiso fuerte, que te pesa en el estómago a cada bocado y que para ciertos espectadores puede resultar indigesto. Pero la realidad es que es una delicia ver como una obra puede mantenerte con esa tensión durante todo el tiempo y dejarte tan desnudo ante todo lo que en ella se plantea. Un plato muy picante que deja muy buen sabor de boca.

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Mi relación con la comida
Teatro: Teatro del Barrio
Calle: Zurita 20
Fechas: Domingos 10 y 31 de Julio
EntradasTeatroDelBarrio