domingo, 12 de junio de 2016

Cine: "Seis y medio": cuando el amor se convierte en enfermedad.


El punto de partida era muy bueno: un film interpretado únicamente por dos actores que mantienen una relación tóxica cargada de infidelidades, mentiras y debilidades. En la mayoría de ocasiones, cuando la premisa es interesante, el resto suele funcionar. Sin embargo, no es ese el caso de Seis y medio, una película que podría haber sido una interesante mirada realista al mundo de la pareja y se queda en un film más.

El principal problema que le encontré a Seis y medio es que en este tipo de películas, el espectador tiene que ir de la mano de una de las partes, o entender a cada uno en sus motivaciones y en este caso, personalmente, no me convencía ninguno de ellos: se supone que él es un intelectual, culto y buen amante, capaz de filosofar sobre cualquier tema, pero lo único que consigue cada vez que abre la boca es parecer un pedante. En cambio, ella, que podía haber sido el contrapunto perfecto a esa pedantería, es todo lo contrario y da la sensación de que tiene un culto hacia él desmesurado.


Los actores Cristina Rojas y Homero Rodríguez Soriano— están bien en sus respectivos papeles, pero a veces me daba la sensación de que ambos estaban siendo dirigidos para teatro. De hecho, el guión de Seis y medio ganaría más en formato teatral.

Es curioso porque aun siendo una película cuyo resultado final no me convenció, muchos de los diálogos son buenos y algunos tienen reflexiones interesantes. El problema era que cada vez que hablaban querían ser demasiados profundos y eso en un par de escenas funciona, pero en el 100% de la película no.



A juzgar por la sinopsis previamente, pensaba que iba a ver un film "moderno" sobre las relaciones personales y me acabé encontrando con todo lo contrario: una pareja que se somete mutuamente a base de condiciones y normas —la escena en la que hacen un contrato con las prohibiciones me pareció bastante enfermo.

Al final, cuando terminas de ver en qué ha desembocado la relación se supone que debe ser un clásico happy ending. No obstante, el mensaje que se podía extraer de eso no era precisamente positivo: a lo largo de toda la historia ambos se van poniendo cadenas, hasta que finalmente llega la cadena definitiva. 




A pesar de no conectar con el film escrito y dirigido por Julio Fraga, reconozco que hacer un guión con solo dos personajes y que estos interesen de principio a fin es muy complicado. Por ejemplo, la trilogía Antes de... es un éxito rotundo, pero porque cualquiera se puede ver reflejado en esa historia de amor y la mayor parte del tiempo hablan de temas cotidianos. Y si nos lo llevamos al territorio español, tenemos una de las mejores películas que ha reflejado la crisis de pareja a distancia: 10.000 km.

En el apartado técnico, destaca la buena dirección de fotografía, ya que le sacan muchísimo partido a detalles de la casa y a la ciudad de Málaga. Por otra parte, también me gustó mucho la banda sonora, aunque a veces pareciera haber sido compuesta para una comedia.



Finalmente, Seis y medio se queda a medio camino y no consigue desarrollar su buena idea inicial a pesar de las buenas intenciones del director. Lamentablemente, si tuviera que poner una nota al film esta sería algo inferior respecto a la nota del título.


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