jueves, 19 de mayo de 2016

Teatro: "Tierra de fuego" en las Naves del Matadero.



Hace 22 años un palestino comete un atentado en Londres en el que una azafata israelí resulta asesinada y su mejor amiga, Yael, herida. Tras estos años, en los que Hassan ha permanecido en la cárcel, la superviviente de la masacre se siente ante la necesidad de encontrarse con el asesino de su amiga para intentar comprender algo que para ella es inexplicable. Con el conflicto israelí-palestino de fondo arranca esta obra dirigida por el argentino Claudio Tolcachir, cargada de una gran tensión política y abordando sin tapujos uno de los conflictos más antiguos que perduran en nuestros días.


Ante una premisa inicial tan polémica, la obra se desarrolla en un ambiente cada vez más tenso(que hace al espectador hundirse poco a poco en la butaca) según conocemos más sobre la historia de esta azafata israelí, del palestino que atentó contra su amiga, de los padres de las azafatas, del marido o del abogado del preso, cada uno con una manera muy distinta de sentir y reaccionar ante la historia.

Un conflicto interno que dura demasiado tiempo y que, sin duda alguna, ha marcado el resto de su vida, hace que Yael se sienta en la necesidad de visitar a Hassan en la cárcel en una búsqueda de respuestas al dolor que siente. Esta angustia que le incita a viajar a Londres no es entendido por otros personajes que no quieren saber nada de la persona que disparó sobre personas inocentes hace más de dos décadas.


La figura de Ilán(el marido) comienza la obra con una postura protectora hacia ella, pero en ningún momento intenta ponerse en su piel y comprenderla, lo que les llevará a un distanciamiento (cada persona es un mundo y ante cosas tan graves como un atentado nadie tiene la verdad absoluta). Más extremista aún es la postura de la madre de Nirit(la azafata muerta) y del padre de Yael.

"El dolor no se termina nunca" es la frase lapidaria con la que Gueula Golán (madre de Nirit) se enfrenta a Yael cuando habla con ella para pedirle explicaciones por la decisión que ha tomado. Una frase que se convierte en la realidad del día a día de mucha gente que se siente incapaz, no sólo de perdonar, sino de intentar entender la postura de las personas que son contrarias a ellas. El contrapunto al personaje de la madre lo pone Dan(el padre de Yael) un historiador que conoce a fondo el conflicto judeopalestino y con un pasado muy relacionado con la barbarie.


Todo esto necesitaba de un ambiente a la altura del conflicto que se plantea y de las historias tan demoledoras que los actores tienen que narrar. Un gran acierto por parte del director es el uso de un espacio neutro, casi inexistente. Simplemente con el uso de una mesa nos transporta a cada una de las escenas, en las que se quita todo lo superfluo para quedarnos sólo con lo importante, la desgarradora historia del conflicto entre Israel y Palestina.

Así la mesa se desliza por el escenario para transportarnos de la casa de la protagonista en Israel a la cárcel en la que se encuentra Hassan en Londres, de lugares aparententemente tranquilos a otros sórdidos y oscuros. La inteligencia para conseguir con un solo elemento todas las atmósferas necesarias en la obra es uno de los mayores aciertos de la obra.

Y por si no nos habíamos trasladado al epicentro del conflicto, el ambiente se completa con música en directo que nos hace deslizarnos por el mundo con melodías melancólicas y desgarradoras interpretadas por Hamid Krim, que se transforma luego en abogado de Hassan para intentar "mediar" en el conflicto.


El otro gran acierto del director es la elección de un elenco de actores en los que nadie destaca pero todos están desgarradores en determinados momentos de la función. Encabezado por los televisivos Tristán Ulloa y Alicia Borrachero(que coinciden actualmente en la serie "La embajada"), el grupo actoral se completa con Abdelatif Hwidar, Hamid Krim(ambos saltaron a la fama por la serie "El príncipe") y dos actores de largo recorrido como Juan Calot y Malena Gutiérrez.

Queda claro que el peso de la historia recae sobre Borrachero(Yael) y Hwidar (Hassan), pero lejos de polarizarse la obra alrededor de ellos dos, cada uno de los personajes adquiere su cuota de protagonismo a lo largo de este juicio al conflicto palestino israelí. Con Yael como elemento conductor entre los personajes, no todos comprenden su decisión de ir a visitar al que pudo ser su asesino. Los diálogos entre los distintos actores se convierte en una nítida paleta sobre los distintos puntos de vista que hay ante el terrorismo.

Desde el dolor de la madre a la postura de Hassan 20 años después, hay muchos puntos de vista, de tonalidades grises que nos transmiten la complejidad de esta lucha étnica y religiosa.



El resultado es una obra que te destroza por dentro, te hace pensar en lo difícil que es la vida en determinados lugares o en la capacidad de perdón de las personas en depende que situaciones. Teatro crudo y directo a las entrañas de la historia, desde un punto de vista muy objetivo, con lo difícil que esto es en este tipo de situaciones.

Una historia necesaria, que se representa en un lugar como las naves de Matadero, sin duda uno de los espacios con una programación más intencionada dentro del panorama madrileño. Un lugar imprescindible en el que el propio espacio es generador de la atmósfera que se quiere contar.

--------------------------------------------

Tierra de Fuego
Matadero de Madrid: Plaza de Legazpi, 8. Madrid.
De martes a sábados a las 20:30 y domingos a las 19:30 (hasta el domingo 5 de Junio) 
Entradas: desde 16,50€ (web del teatro español)