domingo, 21 de febrero de 2016

Teatro: "Las princesas del Pacífico" en Teatro Guindalera



EDITADO EL 11/03/2016 - HAN CAMBIADO DE SALA DE TEATRO

Si metiéramos en una coctelera ingredientes como desahucios, aislamiento social, marginación y fealdad, daría como resultado esta divertida obra de la Compañía La Estampida, que podría ser una de las comedias más crueles que se han visto sobre las tablas.
La trama gira en torno a Agustina y Lidia, tía y sobrina, que viven recluidas en su casa sin hacer otra cosa que ver la televisión y criticar por criticar. Sin embargo, estas mujeres ven convertida su desgracia en alegría cuando son las afortunadas ganadoras de un crucero; pero, ¿podrá este premio combatir la infelicidad de esta reducida familia?
El director José Troncoso, director y coautor de Las princesas del Pacífico (junto a Alicia Rodríguez y Sara Romero) nos recuerda constantemente que cuando la miseria llega a una familia, viene para quedarse y es que el único golpe de suerte que tienen estas princesas es el premio del crucero. Cualquier rayo de optimismo que se pueda cernir sobre ellas atraviesa un prisma infeliz, que hace que ni siquiera puedan disfrutar de su premio como deberían. Al igual que sucedía en El sepelio, el humor se origina en la desgracia de unos protagonistas condenados a ser parias sociales toda su vida. 
El personaje de Agustina, la tía, es el clásico personaje de mujer fuerte que nada le queda y se ata a lo único que le queda en la vida. Es una especie de Bernarda Alba lorquiana, que no soporta el qué dirán y vive por y para criticar vidas ajenas, olvidándose así de la vida que le ha tocado vivir. Por otra parte, Lidia, la sobrina, es un personaje frágil que ha vivido bajo el yugo de su tía toda su vida y es incapaz de relacionarse con normalidad, debido a que su edad mental y física no concuerdan. Ambos personajes funcionan a la perfección, en gran parte gracias a sus actrices Belén Ponce de León y Alicia Rodríguez, que llevan al extremo unos personajes esperpénticos. 
A veces podría dar la sensación de que estamos en un capítulo de la malograda serie Anclados. Sin embargo, gracias al drama que subyace en cada diálogo la obra está equilibrada. Me llamó la atención que todo el público se reía en los momentos más excesivamente crueles, hasta el punto de preguntarme dónde estaban los límites del humor. 
Hay una de las escena más cómicas de Las princesas del Pacífico en la que se sintetiza perfectamente el principal problema de las protagonistas. Se trata de cuando ambas se disponen a relajarse en una tumbona y por mucho que lo intentan nunca consiguen estar a gusto porque algo falla; ese es el mejor resumen que se podría hacer de sus vidas condenadas a no conocer nunca el significado de la felicidad.
La escenografía, consistente únicamente en un escenario rodeado por tapetes de ganchillo, que nos remiten a la España profunda, que todavía no ha sido testigo del cambio de siglo. Sin ser esta muy llamativa, es cierto que refleja de forma muy sencilla el espíritu de Las princesas del Pacífico

Si hay algo negativo que atribuirle a la obra es la corta duración (poco más de una hora) y que hay momentos que parece una sucesión de sketches de Los Morancos (que conste que soy de los que se ríe con el humor de Antonia y Omaíta). Aún así, es una obra muy disfrutable y que merece la pena ver para comprender este drama en clave de comedia, que ha sufrido más de una persona.

No sé si sus autores se lo han replanteado, pero tras ver Las princesas del Pacífico pensé que la idea podría ser el germen de una buena adaptación cinematográfica. Sería algo así como la película Solas y el personaje de José Mota, Repu la cerda. ¿La veríais?



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Las Princesas del Pacífico

Teatro Guindalera: Calle Martínez Izquierdo, 20
Fechas: jueves, viernes y sábados a las 20:30h; domingos a las 19:30h (desde el 1 abril hasta el 1 de mayo)