sábado, 21 de septiembre de 2013

Ciclo Audrey Hepburn: Cómo robar un millón (1966)




Ver varias peliculas de Audrey Hepburn seguidas me esta haciendo ver que todas son iguales, aunque a primera vista parezcan diferentes, ella siempre es una chica monisima, con clase y elegancia (aunque haga de pobre como ocurre en My fair lady), y todos los hombres del mundo se enamoran de ella nada mas verla. 



Esto es automático en todas sus películas. Nunca hace de mala, cosa que haría que la viésemos en algún que otro registro, pero por ahora no he llegado a ese punto. 

 Así se ha formado el mito. 

Ella ya de por sí tiene un porte elegante, genera simpatía al verla, viste bien y tiene un aura de sencillez que envuelve todo, y eso mismo es lo que da en las películas, por eso nos enamoramos de ella, creo yo. 




En este caso, ella es la hija de un hombre rico, el cual se ha hecho rico por vender falsificaciones de cuadros que pinta él mismo. Peeeero, se sospecha de él y un detective privado experto en obras de arte, es contratado por el tipo de las subastas para investigarle. 




Casualidades de la vida ella le pilla cogiendo muestras de la pintura de un cuadro en su casa por la noche, le dispara, le cura la herida, y al verse ambos de cerca, se quedan prendaditos el uno por el otro. 

Él es Peter O'Toole, que por cierto sale guapisimo y jovencisimo, no me extraña que ella se cuele por él. Muy apuesto. 



En estas pelis siempre, siempre, siempre salen coches monisimos, pequeñitos, deportivos descapotables y (a día de hoy) antiguos, y esos coches me encantan, la estética de la película está muy bien. 



Poco creíble me parece la forma en que consiguen abrir la puerta de la sala de limpieza donde se han quedado encerrados para poder robar la escultura, eso si que no cuela, pero es una película y de las que acaban bien, tenían que conseguirlo. 


Tráiler original de 1966.


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