jueves, 17 de noviembre de 2011

Cine: "Duel" de Steven Spielberg.

El diablo sobre ruedas (DUEL)




Film fascinante aunque irregular que, sobre todo, deslumbra por el talento en las venas de un director de ventipocos años. La planificación es una gozada. Es un milagro de rodaje y el montaje posterior redondean el conjunto. Y la escasa música, a sorbitos, con ecos Hermannianos, está muy bien traída.


La fotografía responde a los colores pastel de la época de Universal y no es algo especialmente reseñable, pero el entorno mítico, el acetato y alguna chirivita lumínica hacen ver a alguien rabiosamente personal incluso entre cadenas. El protagonista hace todo lo que puede con su personaje (que no es poco), hay inicio de guiños divertidos (el nombre del camión de la fumigadora...GREBLEIPS (spielberg al revés), la aparición Hitchcockiana de Spielberg en el reflejo de la cabina, etcétera) y, eso sí, se adolece de falta de presupuesto en diversas apariciones de reflejos de la cámara o sombras de la misma en espaldas, mesas, etcétera.


Los juegos visuales, la soberbia idea y desarrollo y, sobre todo, el milagro cinematográfico..., hacen que este pequeño clásico sea una ópera prima inolvidable y casi insuperable que no puede ser el "Ciudadano Kane" que quisiéramos por problemas importantes de ritmo (la eterna secuencia del bar lo mata), un off detestable que revela el pensamiento del protagonista, algún monólogo del mismo un tanto absurdo, así como acabados de planos concretos que no son tan grandes debieran.


Pero da igual, de veras. Los quince primeros minutos dejan boquiabierto a cualquiera, con el celestial plano de la cámara recorriendo el coche del acosado y el camión acosador, en un travelling car secuencia perfectamente sonorizado. Por no hablar de los créditos iniciales (el subjetivo del coche) o el primer ataque.


Ayer jugábamos a ver si el asesino estaba en el bar, fijándonos en el color de la camisa... pero ratificamos la jugada de que es pura metáfora, porque no hay nadie con camisa caqui. La metáfora está servida, la América profunda dispuesta a no poner las cosas fáciles y la lectura del padre fuera de casa ya empezaba en el inicio de su carrera, por no hablar lo curioso del final, con el tío allí sentado, sin pasado ni futuro tras el incidente, tirando piedras.


Muy bien, oiga.

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